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El charrancito común

El charrancito común (Sternula albifrons), de la familia de los charranes.

De los que pueblan la península ibérica es sin duda el más pequeño de todos, aproximadamente la mitad que el charrán común. Es fácilmente identificable, además de por su tamaño, mide entre 22 y 25 cm con una envergadura de alas de unos 54 centímetros cuadrados, se le distingue por su pico amarillo terminado en punta negra, cabeza oscura de frente blanca en todas las fases de su vida. Los adultos en periodo de reproducción lucen un capirote negro carente de cresta que se extiende desde la cabeza hasta la nuca enlazando con las bridas de color negro desde los ojos hasta el pico. Sus alas son de color grisáceo salvo las tres primarias externas que lucen de color prácticamente negro. En invierno las bridas son blancas y sus patas de un naranja más intenso que el resto del año. En su juventud las patas son mucho más claras, el pico más oscuro y en su dorso se distinguen escamas grises. Pone entre dos y cuatro huevos siempre en el suelo que defienden a muerte de los intrusos. Es un ave migratoria que suele pasar el invierno en los océanos tropicales, llegando hasta Sudáfrica y Australia. En España no es difícil observarlos entre marzo y octubre en humedales de la costa y salinas, así como en playas arenosas, aunque puede hacerlo en el interior, en islas u orillas de embalses, ríos y lagunas. Tiene un estilo de vuelo inconfundible, muy rápido yo diría que compulsivo, pudiendo permanecer estacionario en un mismo lugar, como si de un helicóptero se tratase, bien para localizar a su presa bajo el agua o bien para lanzarse sobre ella en picado, con una velocidad de vértigo. Además, el charrancito al igual que el charrán común puede permitirse permanecer unos segundos bajo el agua en una corta zambullida. Resulta un espectáculo observar su conducta durante la pesca en grupo, se alimenta principalmente de pequeños peces y crustáceos muy cerca de la orilla y no muy alejados de donde tienen establecida su colonia. Es tan rápido e imprevisible su picado que es muy, muy difícil de fotografiar antes y después de la zambullida, tan sólo con mucha paciencia y un poco de suerte es posible captar imágenes como las que ilustran este artículo. Estuve toda una mañana desde antes del amanecer apostado en una orilla del humedal, lugar que había elegido previamente después de observar su comportamiento durante varios días, a lo largo de tres semanas. Es una zona donde suelen pescar en grupo muy cerca de la orilla. Estuve al menos una hora intentando seguir su vuelo antes de que se lanzarán en picado para poder captar la entrada y salida del agua pero era imposible obtener una imagen con una calidad aceptable (tengo cientos de fotografías de agua salada). Al final opté por buscar una referencia, la punta de una rama que sobresale del agua y rezar para que alguno de los más de 20 ejemplares que revoloteaban a mí alrededor se lanzara dentro de la zona que tenía a foco. Separe mi ojo del visor y disparaba en el momento en que alguno de ellos se mantuviera volando sobre esa zona, quinientas fotos después tenían captado tan ansiado momento, el picado, la entrada y salida del agua con la pesca del día.

Es tan rápido e imprevisible su picado que es muy, muy difícil de fotografiar antes y después de la zambullida

Datos de la toma

  • 500 mm F 7.1 1/4000
  • Nikon D610 (6 FPS lástima que no fueran más)
  • Nikon 300mm f/2.8 AF-S II
  • Nikon TC-17E
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